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Pablo Nieto
Basada en la obra de teatro de David Auburn, ganadora de un premio Tony y el Pulitzer, “Proof” se manifiesta como uno de los films más sobrios, inteligentes y trabajados del año. Un drama dirigido por John Madden ("Shakespeare in Love"), que vuelve a contar con su musa: Gwyneth Paltrow (que también interpreta al personaje en la versión teatral), para presentarnos la historia de Catherine, hija de un brillante matemático recientemente fallecido (Anthony Hopkins), cuyos últimos años de vida estuvieron marcados por una progresiva demencia senil.
Al tiempo que trata de encontrar los últimos destellos de brillantez de su padre, aparecerá en su vida Hal (Jake Gyllenhaal), uno de los alumnos de éste, que la ayudará en su búsqueda en el pasado, y a ordenar su vida en el presente… una vida, incierto, un futuro oscuro puesto que a Catherine le perturba haber heredado la brillantez de su padre, especialmente porque parece que con ella también ha viajado geneticamente la enfermedad hereditaria.
Como no podía ser de otra manera, Madden vuelve a contra con su compositor fetiche, Stephen Warbeck, para la elaboración de la música de la banda sonora; cuarta colaboración entre ambos, y sin duda del todo punto satisfactoria.
Hablando ya de la música en sentido estricto, Warbeck entreteje una partitura de sonoridades minimalistas, armonía contemporánea (con omnipresencia de guitarras y bajos eléctricos) e hipnótica y obsesiva melodía, con gran protagonismo de las marimbas y las cuerdas que vienen y van… como la memoria. Esa melodía será la pieza fundamental de un tema central omnipresente, con el que arranca el disco (“Proof”) y que será continuamente referenciado en cortes como “Writing the Proof”, “Lost Days”, “Testing the Proof” y por supuesto el intenso finale de “Line By Line”.
Aunque esteticamente pudiera parecer un tema meramente ambiental, en el fondo estamos ante un motivo de gran calado psicológico, que busca y ofreces respuestas, tomando como referencia la brillante, pero compleja mente de Hopkins, y casi por inercia trasladando esas “complicaciones” al personaje de Paltrow. Todo esto sin olvidar el aire elegiaco casi deprimente de la música, que trata de evocar el agrio y doloroso recuerdo de la muerte del padre, y un incierto y gris futuro. Según vaya encajando piezas, y descubriendo los orígenes de la anomalía de su padre, se irá dando cuenta que ciertos síntomas que ella misma padece no son meras coincidencias.
La partitura de Warbeck, no se limita a desarrollar monotematicamente el tema central. Hay elementos nuevos, que aportan riqueza y color a la sombría y fría Nueva York (tan decadente como sus personajes). Quizás algo que ver con el personaje de Jake Gyllenhaal. Así tenemos delicados solos de piano en “Hope” y “You Imagined You Wrote It”; potenciación de la cuerda con apuntes del tema central en el cuasi-adagio que es “Catherine” y “The Airport”.
Parecía que la carrera de Stephen Warbeck tras su Oscar por “Shakespeare in Love” estaba de capa caída, sin embargo en los dos últimos años, el sinfonismo de “Two Brothers”, el romanticismo provenzal de “Love´s Brother” y el eclecticismo sonoro de “Proof”, lo vuelven a poner de actualidad.
Hacía tiempo que no se escuchaba una banda sonora tan bien planificada, tan equilibrada y con un tempo tan acertado. Cierto, que con amagos a lo Philip Glass en cuanto a la construcción temática, o Hans Zimmer en la elaboración de adagios, pero para nada contradictorio a la hora de destacar la extraordinaria calidad de esta joya musical, que esperemos no pase desapercibida ante los ojos de los que condicionan el valor de un score o un compositor a la mayor o menor afinidad con él, o al presupuesto final de la película.
Warbeck no ha vuelto, porque nunca se ha ido. Simplemente vuelve a levantar la cabeza, y a mirar por encima del hombro a sus coetáneos. Es lo que pasa, cuando talento y suerte vuelven a confluir.
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