|
José-Vidal Rodriguez
Mucho ha llovido desde que los estudios británicos Aardman Animation dieran un golpe de efecto en el género de la animación con un producto que recuperaba de forma admirable la técnica stop motion, aplicada en aquella ocasión a la creación de un entrañable universo animal de tintes orwellianos. "Chicken Run" fue toda una piedra de toque para la presentación mundial de este joven equipo con sede en Bristol, que gracias a filmes posteriores como "Flushed Away" o "Wallace & Gromit" ha seguido pugnando por hacerse hueco en un campo que durante años, viene siendo copado por la tecnología al servicio de la inventiva made in Pixar. Tras la sugerente pero fallida en taquilla "Arthur Christmas", los directores Peter Lord (“Chicken Run”) y Jeff Newitt se reúnen para revisitar en tono cómico los viejos relatos de piratas que la Disney resucitó años atrás de la mano de Jack Sparrow. En esta ocasión, la plastilina moldea a un socarrón protagonista que inicia un viaje lleno de peligros y aventuras para derrotar a sus rivales en pos de alzarse con el premio al Mejor Pirata del Año.
Pese a que gran parte del equipo Aardman vuelve a reunirse en este nuevo filme, el apartado musical protagoniza una de las grandes ausencias. Mientras que Harry Greson-Williams ha sido el compositor "oficial" de los estudios en la mayoría de las cintas estrenadas hasta el momento (con permiso de John Powell, coautor de la magnífica partitura para "Chicken Run", y de Julian Nott, responsable del "Wallace & Gromit"), los compromisos profesionales del británico -amén de su bajo estado de forma-, han propiciado la entrada de un músico ya curtido en la gran pantalla, con independencia de que su curriculum no revele precisamente grandes joyas cinematográficas ni musicales. Theodore Shapiro pasa por ser otro de esos autores que sobreviven en el mundillo gracias a buenas dosis de oficio y humildad. Encasillado muy a su pesar en productos cómicos de digestión pesada (“Cuestión de Pelotas”, “Starsky & Hutch”, “Year One”), Shapiro es sin embargo un compositor que ya ha dado muestras de gran solvencia cuando el proyecto así lo ha permitido (“The Devil Wears Prada”, su obra más sugestiva hasta la fecha), teniendo en mente además que cuenta a sus espaldas con una interesante carrera concertista. No en vano, sus aptitudes orquestales parecen darle el suficiente caché como para salir airoso de este “The Pirates!”.
Cierto es que la partitura compuesta por el de Washington deambula por unos terrenos ya conocidos, bordeando en varios momentos la senda de lo previsible. Parece que Shapiro no abandona las fórmulas que triunfaron antaño en otros productos de la Aardman, y sus recursos no distan demasiado de los ya escuchados en obras referenciales como la mencionada “Chicken Run”. Si el oyente es capaz de abstraerse de este ligero reciclaje disfrazado de continuismo, la obra comienza a ganar suficientes enteros como para alzarse por encima de la media actual.
Pese a la carencia de un tema central del suficiente peso en el conjunto (los 40 segundos del “Feathery Heart and Soul“ suponen su aparición más expresa), la variedad temática descansa esta vez en el empleo, por ejemplo, de recursos tales como la adaptación de sintonías tradicionales británicas, aprovechando la referencia a la localización del relato en plena época Victoriana. Es la célebre “Rule, Britannia!” de Thomas Arne la pieza a la que más alude Shapiro, ya que de hecho esta conocida melodía del siglo XVIII sirve de apertura al álbum en el ceremonioso corte inicial “I Hate Pirates!”. Sus cuatro primeras notas servirán para apuntar a lo largo del score el motivo asimilado al poderío del Imperio británico y los ocultos planes que la Reina Victoria tiene reservados para el protagonista ("Fog on the Thames")..
En el lado opuesto, el Pirata y su entorno son retratados con el lógico desenfado y socarronería, acudiendo Shapiro a una suerte de orquestaciones en las que predomina el acordeón como instrumento evocador del ambiente marino,, sin dejar de lado las inevitables licencias humorísticas (frivolités de bossa nova en el final del mencionado "Fog on the Thames"), que jalonan entre otros, el bloque musical más peculiar del álbum, "The Competition", en donde el compositor combina indistintamente guitarras eléctricas, tuttis orquestales con masa coral incluida y una conclusión paródica a lo Broadway. Quizás sean los bloques de acción los que mayores luces y sombras ofrecen al oyente. Cierta previsibilidad parece arrastrar el autor en el desarrollo de un retentivo motivo heroico ("Masked Monkey Chase", "Panda Face Fritters") algo deudor del Debney de "Cutthroat Island". Por contra, bastante más inspirado se revela Shapiro en la recreación estricta del swashbuckling musical, brillando con luz propia la fusión de scherzos con patrones modernos que caracteriza el segmento "Unpardoned".
Guste o no, el músico sabe qué es lo que pide a gritos el filme y lo aplica, a costa de bordear durante algunos minutos la fina línea de lo convencional. Con sus defectos, "The Pirates! se destapa como un score eficaz y cumplidor que debe su interés precisamente a su falta de pretensiones (compatible con la aparatosidad de alguno de sus bloques). Agraciado al fin con una historia en la que la música es algo más que el relleno de un guiso destinado a adolescentes, Shapiro firma una de sus mejores obras gracias a una partitura que, en tiempos mejores, probablemente hubiese sufrido el sinsabor de la indiferencia. Pero la música de cine pasa por horas bajas, así que bienvenido sea cualquier producto que recupere por momentos el buen sabor de boca de un género tan rico -y complejo- musicalmente hablando.
25-junio-2012
|